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  1. Eliminá todas las tareas que no son esenciales.

De tu lista de tareas pendientes, escogé dos o tres metas principales cada día.
Una vez que hayas logrado esos objetivos, podrás pensar en las tareas menos importantes.
También podés separar las dos o tres tareas más grandes de las más pequeñas. Además, es importante que evalúes tus metas semanalmente.
Seguramente estarás pensando: “¿Tres tareas diarias? ¡Pero tengo tanto por hacer!”.
Pero sé realista, probablemente nunca logres todas las miles de tareas que tenés que hacer.
Entonces, ¿qué sentido tiene vivir tan estresada? Si le das prioridad a lo esencial, tus logros pesarán más.

2. Convertí la identificación de lo esencial en una prioridad.

Los objetivos esenciales son aquellos que tienen más peso en tu vida profesional y personal y los que te acercan a tus metas más importantes.
Esos son los que deben formar parte de tu exclusiva lista de tres tareas diarias.
Algunos tips a tener en cuenta:
Es bueno que tengas presente que las tareas “urgentes” muchas veces no lo son fuera de nuestras mentes sobrecargadas. Y a veces lo “necesario” deja de serlo.
Es cierto que algunas tareas se tienen que seguir haciendo, por eso es necesario que aprendas a delegar y que te animes a decir que “no”.
Recordá también que cualquier tarea pequeña es importante solamente si ayuda a concretar una tarea esencial.
Tomá el control sobre tus acciones diarias.
De esta forma vas a pasar de actuar en “modo reactivo” -como tal vez venías haciendo hasta ahora, ocupándote de cada asunto a medida que se presenta- a trabajar en “modo activo”, tomando el control sobre las tareas que realizás en el día.

3. Realizá una tarea a la vez.

La multitarea desperdicia energía y hace difusa la capacidad intelectual.
Lográ tus dos o tres objetivos esenciales primero y el resto de tu día será liviano y relajado.

4. Reducí tus distracciones.

¿Cuáles? RSS feeds, suscripciones de todo tipo, actividad en redes sociales y foros, programas de televisión, revistas y diarios que leas, etc.
Limitá tus cuentas de email a una o dos y programá filtros para evitar el spam.
Reducí tu consumo de información superflua. Esto te ahorrará horas.
Comenzá a trabajar antes de chequear tus emails, podrás concentrarte con más facilidad.

5. Reducí tus horas de trabajo.

Trabajar un máximo de 8 horas diarias es lo ideal. Sería genial si podés reducirlas a 6.
Durante esas horas, focalizate intensamente en tus metas.
Si te encontrás con poca energía, podés tomar una siesta de 15 a 20 minutos.
Tomá recreos frecuentes para evitar saturarte. De 10 a 20 minutos.
Caminá, estirate, despeja tu mente, ¡y alejate de tu computadora!

6. ¡Eliminá el desorden!

Si siempre dejás las cosas en el mismo lugar, no vas a perder tiempo buscándolas.
Aprovechá las bondandes de Internet para ahorrar tiempo en trámites.
Podés pagar tus facturas, administrar tu cuenta bancaria o hacer transferencias online en vez de ir al banco.
Y en cuanto tus finanzas te lo permitan, es vital que cuentes con la ayuda de otra persona para delegar tareas como la limpieza, cocinar, cuidar de los niños, pasear al perro.
Cuando trabajamos en casa es fácil perder la concentración y el foco si estamos divididas entre las tareas del hogar y el trabajo.
Si en este momento no está dentro de tus posibilidades, podés pedir ayuda a las abuelas de los chicos para los cuiden algunos días de la semana.
Creeme, ¡a ellas les encanta que les pidamos estos favores!

Si son muchos los hábitos que tenés que modificar, es importante que comiences de a poco para no abrumarte.
Adoptá un hábito por mes y te aseguro que en unos meses tu vida va a cambiar rotundamente.

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