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¡CHAU A LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS!

No se trata de sobreadaptarse a las situaciones, sino de generar estrategias de cambio a pesar de la incertidumbre y el miedo. Animate a soñar y a reconectarte con tus sentidos emocionales.

Pareciera que vivir en la modernidad está basado en dos principios: preocuparse por todo y esperar que las cosas cambien. ¿Cuántas veces escuchamos o dijimos frases como “si no me hubiese pasado lo que me pasó, mi vida sería otra” o “por culpa de… estoy como estoy”? Pensando la vida desde este lugar nos convertimos en “niños grandes”, esperando, culpando y/o dependiendo de otros. Quedamos pegados a las frustraciones y a la insatisfacción y, así, nos transformamos en una persona reactiva; es decir, en alguien que depende de las circunstancias que le toca vivir para sentirse bien o no, en lugar de generarlas.

Desde este pensamiento, en general, reaccionan únicamente frente al evento. De por sí, esto no sería ni bueno ni malo si la reacción se diese únicamente frente a algunas situaciones. Pero si todo el tiempo actuamos desde el puro impulso -que es el que nos lleva a resolver las situaciones de “emergencia”-, ¿cómo desarrollamos nuestra inteligencia emocional, nuestra inteligencia intuitiva? ¿Cómo nos permitimos soñar, proyectarnos?

La persona proactiva “ve lo que hay” pero, a diferencia del reactivo, lo acepta pero no se sobreadapta a la situación: genera estrategias de cambio a pesar de la incertidumbre y el miedo que sienta y se traza un objetivo, accionando hasta alcanzarlo.

Ser proactivo o reactivo poco tiene que ver con nuestra carga genética o con lo vivido. A lo mejor creciste rodeada de “no cambiás más” o “esto así no se hace, mejor lo hago yo”. Es cierto que la suma de estas frases a lo largo del tiempo debilita tu seguridad, viviendo muchas veces preocupada/o y con una visión negativa de las circunstancias que te rodean. Tenés la posibilidad de elegir armar un listado de justificaciones que avalen tu idea de acomodarte al “es lo que hay” o… Soltar el “yo no puedo hacer nada” por un mejor “veo si puedo buscar otra opción”.

Estos tips te pueden ayudar a despertar a la persona proactiva que hay en vos:

* Reconectate con tus sentidos emocionales. Descubrí nuevos sabores. Visitá lugares a los que nunca fuiste. Dejate sorprender con melodías que no hayas escuchado. Descubrí nuevas fragancias (puede ser desde un nuevo perfume a otra fragancia para el difusor o el hornito). Despertar tus sentidos es conectarte con tu parte creativa.

* Autoconciencia vs. pensamientos negativos. Enredada en pensamientos y emociones negativas, corrés el riesgo de actuar en forma reactiva, o sea, a puro impulso. Esto te hará entrar en un círculo vicioso: arrepentimiento, impulso y, nuevamente, arrepentimiento. Si día a día intentás no reaccionar a tus pensamientos y, simplemente, escucharlos como lo haces con tus amigos, podés lograr aquietar la mente. Esto te dará la posibilidad de tomar conciencia de tus emociones negativas -con un alto grado de influencia en el “no cambio”- y, modificarlas por otras reacciones que te permitan despegarte del dolor y seguir avanzando. Puede ayudarte a atravesar este proceso escribir cada día lo que para vos fue una reacción negativa y, al lado, otra forma en que hubieses podido reaccionar. Esto te permite ver la misma situación, pero desde otra perspectiva. La toma de conciencia es el primer paso del proceso de cambio.

* Liderá tus emociones. ¿Por qué no darte la oportunidad de conectarte con lo que realmente querés para tu vida? Más allá de lo que los demás esperan de vos, proponete un objetivo claro y concreto. Pero, por sobre todo, que lo creas posible. Intentá escribir algunas ideas que te ayuden a intentar llegar a él. El hacerlo reforzará tu autoestima.

* Lenguaje proactivo vs. lenguaje reactivo. Si escuchás con atención vas a descubrir en el discurso de las personas proactivas frases como “lo voy hacer” o, en caso de que se dificulte hacerlo, plantean un argumento lógico seguido de un “plan B” para hacerle frente a las situaciones negativas. Por ejemplo, “acá no aguanto más, si tuviera un trabajo mejor”. La persona proactiva está conectada con lo que siente y busca una solución. En el ejemplo, busca otra opción de empleo y lo transmite en su discurso con compromiso y control de la situación. En cambio, la persona reactiva se queda pegada a la queja y a toda situación que la alimente. Rara vez da respuestas claras y busca opciones.

Más allá de los días en tu calendario personal, pensá que siempre la elección final es tuya y es esa la que finalmente te hace reacomodar el pasado para permitirme proyectarte. En mayor o menor medida, todos tenemos una parte reactiva y otra proactiva. Animarte a tomar la iniciativa, tomar la responsabilidad de tus acciones y gestionar los cambios es elegir entre ser prisionero o protagonista de tu vida. Porque, como dice una frase muy sabia, “hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas, y un tiempo para hacer que las cosas sucedan”.