Estas son las principales habilidades que tiene que desarrollar cualquier emprendedor. Aquí te contamos cómo puedes comenzar a potenciar cada una de ellas si necesitas trabajar algún aspecto en el que flojees.

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Coherencia

  • Centrándote en los últimos seis meses, haz una relación de los compromisos que no hayas cumplido. Analiza cada una de las situaciones, buscando las causas por las que fallaste, y viendo que podrías haber hecho distinto para cumplir.
  • Acostúmbrate a informar de inmediato cuando te resulte imposible cumplir tus compromisos, para no perder tu credibilidad.
  • Recoge ‘feedback’ externo. Intenta conocer cómo te perciben quienes te rodean, sin eludir la opinión de las personas con las que te encuentras menos cómodo. Si tienes una posición directiva, pregúntales como les afecta tus decisiones, mensajes y actuaciones.
  • Cuando cometas un error, reconócelo ante otros, comunicando las cosas que realizarás de forma distinta en el futuro.
  • Identifica las actuaciones que no son aceptables en tu entorno de trabajo (en colaboradores, colaterales, clientes, jefes) porque van en contra de los valores asumidos por la organización. Busca ejemplos reales y formula principios que te ayuden a comunicar y reforzar las acciones aceptables.
  • Elabora una relación de los aspectos que estás dispuesto a defender contra viento y marea, y aquellos otros por los que no te merece la pena luchar. Eso te ayudará a evitar sorpresas, desconcierto, duda y debilidad cuando surjan situaciones potencialemnte conflictivas.
  • Antes de comentar a alguien que la información que le das es confidencial, asegúrate de que efectivamente ha de mantenerse la confidencialidad.
  • Pon en marcha un sistema para hacer un seguimiento permanente de los compromisos adquiridos, estableciendo fecha de cumplimiento. No te olvides de incluir aquellas cosas que pueden parecer insignificantes para ti pero extremadamente importantes para otros (hacer una llamada, devolver un libro, enviar un artículo…).

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Flexibilidad

 

  • Intenta reducir el tiempo que empleas en planificar tu trabajo y empieza dejando las cosas más sencillas a la improvisación.
  • Siempre que puedas elegir, embárcate en proyectos que exijan acción y evita las campañas que exijan un trabajo minucioso y a largo plazo.
  • Si tienes personas a tu cargo, crea equipos de trabajo basados en la diversidad, te ayudará a aceptar que no existen verdades absolutas.
  • Acostúmbrate a pedir su opinión a colaboradores y anota en una hoja los diversos puntos de vista para resolver cualquier problema. Dedica una parte de tu tiempo a valorar estas ideas y reflexionar sobre ellas.
  • Escribe en un papel los motivos por los que tomaste determinadas decisiones y no intentes mantenerlas cuando la situación haya cambiado.

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Autoconfianza

 

 

  • Acostúmbrate a anotar en papel tus logros pasados, analiza qué circunstancias los hicieron posibles y siempre que se repitan vuelve a asumir nuevos retos. Sigue el mismo proceso con los errores, para evitar que vuelvan a repetirse, pero no pierdas el tiempo recreándote en ellos.
  • Huye de las personas demasiado protectoras y de los superiores que no saben delegar, limitan tu capacidad para tomar decisiones.

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Capacidad de análisis

  • Disciplina tu mente creando todas las argumentaciones posibles para defender tus ideas o tus propuestas y sin escatimar en detalles, como los datos, fechas, cifras…
  • Acostúmbrate a buscar y escribir en un papel cuál es el motivo ‘lógico’ por el que se ha llegado a una conclusión.
  • Mejora tu capacidad para diseccionar la realidad analizando por separado cada una de las partes que puedan condicionar el resultado de un problema y pide a alguien que te ayude a descubrir nuevos factores que tú no hayas previsto.
  • Aunque ésta es una de las habilidades más difíciles de desarrollar, se puede mejorar ‘ejercitando’ el lado más racional del cerebro y evitando tomar decisiones basadas en las emociones. Por ejemplo, ante cualquier problema intenta entender las secuencias temporales y las relaciones causa-efecto de los hecho.

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  • La motivación al logro está muy relacionada con las motivaciones personales. Lo primero que debes de hacer para desarrollarla es preguntarte qué es lo que te emociona realmente, qué te gusta hacer, hacia dónde quieres ir y hasta dónde quieres llegar.
  • Intenta marcarte metas y fija objetivos para alcanzarlas. Empieza con metas pequeñas y realizables y ve poco a poco aumentando el riesgo.
  • Evita las rutinas en tu trabajo e intenta buscar nuevas formas de hacer las cosas.
  • El nivel de iniciativa también influye en la orientación al logro. Busca responsabilidad más allá de las estrictas obligaciones de tu puesto. Si no tienes metas claras, dedica un día a la semana a anotar las tres cosas que más quieres en este momento.
  • Acostúmbrate a aplazar las recompensas que puedas obtener por tus logros parciales, así evitarás no salirte del camino que te habías marcado.

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Orientación al cliente

  • Cuando tengas que tratar con clientes que no son claros o que tienden a ser demasiado herméticos, acostúmbrate a formular preguntas continuamente, para describir sus necesidades y deseos ocultos.
  • Realiza un seguimiento sistemático e histórico de los comportamientos de compra de todos tus clientes e intenta mantener siempre una actitud de disponibilidad hacia ellos.
  • Diseña las relaciones con tus clientes siempre desde una perspectiva a largo plazo, informándoles y dándoles seguimiento de la marcha de sus peticiones, consultas, etc.

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Empatía

  • La empatía se desarrolla a través de la práctica, primero conscientemente (mejorando la escucha activa, tomando notas sobre lo que el otro ha dicho, reflexionando sobre su forma de pensar y de sentir y demostrando que hemos entendido) hasta convertirlo en un hábito.
  • Debes de valorar tus decisiones pensando en las consecuencias personales que puedan causar a tus colaboradores, en lugar de centrarte exclusivamente en las consecuencias más prácticas.
  • Fomenta tu relación con aquellas personas que no compartan tus punto de vista, te ayudará a entender cómo piensan y cómo se sienten quienes se rigen por valores radicalmente distintos a los tuyos. Evita emitir juicios de valor anticipados sobre los demás y esfuérzate por escuchar incluso a las personas que creas que no tienen nada que aportarte.
  • Desarrollar la empatía no significa que tengas que convertirte en la almohada de los demás. No temas tomar decisiones impopulares cuando estés seguro de que son correctas. Entender las motivaciones de los otros no te obliga a tenerlas que aceptar.

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Capacidad de liderazgo

  • Dedica parte de tu tiempo a escuchar a los miembros de tu equipo a conocer lo que están haciendo y sus dificultades para cumplir sus objetivos y asegúrate de que se sienten motivados y que tienen los medios a su alcance para conseguir sus metas.
  • Dedica también espacio a detectar sus debilidades y fortalezas, tus propios límites y admite tus errores cuando sea necesario. Tu propia mejora personal es una fuente de inspiración para que los demás se desarrollen y crezcan.

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Impacto e influencia en los demás

No confundas la capacidad de influir en los demás, con la manipulación de los otros. El compromiso se obtiene a través de la confianza. Y para ello, además de trabajar las habilidades de comunicación, la coherencia, debes preocuparte por conocer a los otros, saber cuáles son sus intereses profesionales y sus intereses vitales, lo que les motiva a seguirte y confiar en tus intenciones.

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Desarrollo de las relaciones

  • Identifica a alguien de tu entorno a quien se le de bien establecer y mantener relaciones, y pídele que te ayude en calidad de mentor.
  • Deberás de cuidar los tres primeros minutos. La primera impresión es esencial en las relaciones. Muéstrate abierto y accesible, procurando que la otra persona confíe en ti y te proporcione información de si misma desde el inicio de la conversación o relación.
  • Trata a cada uno de forma personalizada. Recuerda detalles importantes de cada persona . Cuando una persona te hable temas no profesionales, escucha sin enjuiciarla.
  • Márcate objetivos específicos para ampliar tu red de relaciones. Por ejemplo, intenta establecer contacto con alguien nuevo en cada reunión.

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Trabajo en equipo

  • Acostúmbrate a escuchar, pedir opinión y colaborar con otras personas del equipo. Aprendiendo a respetar las opiniones de los demás aunque no estés de acuerdo con ellos. Cuando quieras imponer tu criterio, hazlo argumentando.
  • En los momentos de tensión, esfuérzate por mantener la calma, intentando serenar los ánimos de los demás aportando ideas y soluciones.
  • Aprende a delegar. Es básico para crear un equipo cohesionado y que responda. Debes de priorizar en tu agenda, descubrir que tareas son las que tienes que hacer tú y cuales puedes delegar. Otra clave es corregir actitudes equivocadas.
  • Aprende a aceptar las críticas, las personas que dicen sí a todo, o son un clon tuyo, o realmente no te están diciendo lo que piensan.

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Visión de negocio

  • Acostúmbrate a recopilar información clave relacionada con tu trabajo. La visión de negocio consiste básicamente en conocer a la competencia, definir el posicionamiento del negocio propio en el mercado, algo que resultará más sencillo si desarrollamos al máximo nuestras fuentes de información.
  • Dedica una parte de tu tiempo a planificar, analizar, establecer prioridades y estrategias de tus tareas y conviértelo en un hábito. Analiza, también la realidad de mercado a largo plazo, contrastando datos del pasado y del presente e intentando detectar las posibles implicaciones de cara al futuro.

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Comunicación

  • Fomenta el feedback con las personas que te rodean, tus colaboradores, sobre todo, para que te digan cuáles son los obstáculos que limitan tu comunicación con ellos.
  • Acostúmbrate a ampliar la información que te ofrecen tus interlocutores preguntándoles continuamente, pero sin interrumpirles. También, intenta controlar al máximo tu lenguaje no verbal y evita que tus gestos te traicionen en situaciones difíciles.
  • En las negociaciones, aprende a ganar tiempo o evitar las preguntas comprometidas. Además intenta potenciar tu asertividad adaptándote al nivel de comprensión de tu interlocutor, evitando las expresiones demasiado tajantes y ofreciendo soluciones razonables para que el otro pueda elegir.

Toma de decisiones

  • Analiza cuál es tu estilo en la toma de decisiones. Si eres del timpo Hamlet, que llega a la parálisis por el exceso de análisis o eres tipo Otelo, que primero dispara y luego pregunta. Lo mejor, es que intentes encontrar un equilibrio entre las dos posturas.
  • Acostúmbrate a anotar cómo resolviste los problemas más complejos y utiliza esa información como un recurso cuando te sientas estancado. También debes analizar la información disponible, a sintetizarla y generar alternativas suficientes para tomar una decisión, pero sin que la presión te obligue a ello.